domingo, 16 de diciembre de 2012

EL ABRIGO EN LA OSCURIDAD


Estaba de visita en la casa de mis abuelos. Casi nunca los veía, no era mucho el afecto que tenía hacia ellos; la casa me impresionaba bastante por ser vieja y grande, por eso nunca me quedaba, a pesar de que mis  abuelos siempre me invitaban.
Como era la fecha de mi cumpleaños, ellos me regalaron una laptop nueva, así que fue casi una obligación quedarme un fin de semana con mis abuelos.
Yo acostado, pero sin poder dormir, averiguaba con cuidado la oscuridad del cuarto. En aquella oscuridad, algunas cosas parecían moverse, sobre todo un abrigo que estaba colgado en el rincón. Parecía mover las mangas como si hubiera algo dentro, daba la apariencia de alguien sin cabeza y sin piernas.
Trate de no mirar más hacia el abrigo, pero donde ponía la mirada había algo que se veía más aterrador. Hasta esas manchas de humedad que estaban en una de las paredes, parecían ser un rostro deforme que sonreía. En el rincón más oscuro, veía aparecer y desaparecer a un cuerpo pequeño, que flotaba por un rato para enseguida desaparecer en la oscuridad. Para no seguir asustándome, cerré los ojos y me cubrió hasta la cabeza con la frazada. El silencio de la casa y sus alrededores finalmente hicieron que me durmiera.
Al día siguiente, desperté al escuchar que golpeaban la puerta; ya era de día, era mi abuela. Ella me preguntó desde el corredor, si podía pasar, yo le dije sí.
-Veo que sentiste frío hubieras tomado una frazada del ropero- me dijo, abriendo un poco la puerta.
- No sentí frío abuela ¿por qué lo dices?- le pregunte mientras mi abuela se sentaba en la cama.
-Creí que habías sentido frío, porque veo que tienes ese abrigo en la cama.
Mire hacia un lado y vi horrorizado que el abrigo que vi anoche y parecía moverse, estaba sobre mi cama.

SALCEDO CÁCERES, Juan Luis
Villa Cerrillos, Cerro Colorado, Arequipa
2012

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