domingo, 16 de diciembre de 2012

EN LA CARRETERA


Una de la madrugada; la oscuridad hacia que la noche oliera a muerte. La densa neblina impedía ver más allá de cinco metros; en tanto las hierbas, pastos silvestres el sueño hacia presa del abuelo, quien conducía el pesado camión cargado de troncos. Sus rendidos párpados hacían que sus pestañas se unieran entre sí, al costado derecho de la caseta iba sentado "hermano Roger", el ayudante del abuelo. Roger, mantenía los ojos redondamente abiertos a la expectativa de toda maniobra del abuelo.
En tanto yo, el nieto, en la plenitud de sus ligeros 8 años; buscaba abrigarme entre mi abuelo. Roger sentía los pies helados, las manos frías y el rostro apretado por el frío el abuelo cuidadosamente deslizaba sus gruesas y cansadas manos sobre el timón. Y cada vez que el motor requería potencia, encogía el pie izquierdo, luego presionaba con fuerza el embrague simultáneamente cambiando la velocidad.
A la vez el abuelo la limpiaba con un retazo de costal viejo. Fue entonces que Roger sugirió: 
─  Abuelo, mejor descansa...

El abuelo con voz gruesa y enérgica sentenció:
─  ¡Carajo! ¡Los hombres nunca se cansan!
─  ¡Para abuelo! ─  el camino ya no se notaba,  la nevada hizo lo suyo.
El abuelo grito a Roger:
─  ¡Ya te dije! además coge la lampa y vas a ir adelante abriendo huella y me guiaré por ella.
Roger, sin pérdida de tiempo abrió la puerta, sacó una pala de la parte posterior del asiento e inmediatamente se puso a abrir camino, el abuelo muy cuidadosamente empezó a guiarse.
Luego de avanzar unos doscientos metros, Roger caminaba pero resbaló y cayó. Ell abuelo me dijo:
─  Este es un "cojudo murmullo”, anda dile que suba que vamos a quedarnos a descansar, ya falta poco para llegar a la carretera principal, ya que de ahí para adelante todo es bajada...
Muy ágilmente salté al camino y fui a decirle a Roger que dejara de abrir camino que íbamos a descansar.
Hábilmente el abuelo estacionó el camión, dejando un angosto espacio como para que pasara otro camión. Sacaron tres frazadas de la parte posterior del asiento, procedieron a cubrirse cada uno casi en la misma posición en la que viajaban.
─  Roger, sólo una pestañeada y nos vamos...
─  Ya abuelo
Rápidamente el abuelo había logrado sumergirse en profundo sueño, Roger buscaba mejor posición, aún así no lograba dormir.
Después de 10 minutos aproximadamente, Roger vio una señora y quiso despertar al abuelo:
─  Abuelo,  mira parece una señora la que está afuera caminando, ¿pero aquí? y ¿a ésta hora?   Abuelo, abuelo... en voz baja y temblorosa trató de despertar al abuelo.
─  Mira esa señora ─  agregué.
El abuelo despertó exaltadamente.
─  ¡Qué pasa!
─  Mira abuelo, esa señora ¿qué hará a ésta hora… y sola?
Volvió a activar el limpia parabrisas.
─  ¡Qué carajo!
Encendió las luces e inmediatamente se escuchó un grito desgarrador que sacudió las almas de los tres y los cerros simultáneamente contestaron el prolongado grito. Extendió los brazos y se pudo ver claramente su mortificado rostro, sus largos brazos, sus despellejadas y huesudas manos que intentaban rasgar el camión. Notábase también sus largas y torcidas uñas que arañaban el aire, la rotosa y podrida bayeta que cubría al diabólico ser. Se desprendía con la fuerza del viento, su espantosa y larga cabellera, se dejaban colgar desde su cadavérico cráneo casi hasta la cintura frente a los estupefactos rostros de Roger, el abuelo y el mío.
El abuelo inmediatamente reaccionó e intentó encender el motor; uno, dos y tres intentos…
─  ¡Nada carajo!
Un intento más y encendió, desesperadamente puso en marcha el camión, las bruscas maniobras hicieron que el esquelético ser se hiciera a un lado, presionó el acelerador y empezamos a huir. En tanto el momificado cuerpo, intentaba detener el camión con ése grito desgarrador y diabólico que se hacía cada vez más lejano.
Se alejaron poco a poco y el abuelo sólo atinó a decir con una voz temblorosa:
─  ¡Dios Santo! perdona a ésa pobre condenada, mientras mi hermano Roger y yo, nos pusimos a rezar.
¿Qué era eso abuelo?, pregunte aún titubeando.
─  Eso es una condenada, Dios la ha castigado y enviado a la tierra a pagar su condena hasta llevar un cuerpo y alma. Buscan niños que no han cometido pecado alguno. Estos condenados seguramente, antes de su muerte han escondido dinero o algún objeto de oro y nunca han dado a conocer su existencia. Una vez muertos son condenados y andan penando, pagando su ambición terrenal.
Tuvimos mucho miedo pero finalmente llegamos a casa.

QUISPE QUISPE, Wilbert
Villa Cerrillos, Cerro Colorado, Arequipa
2012

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